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lunes, 20 de noviembre de 2017

Joaquín Bochaca - Preámbulos de la Segunda Guerra



     Del libro del investigador y escritor catalán Joaquín Bochaca (1931) "El Mito de los Seis Millones. El Fraude de los Judíos Gaseados por Hitler" (1979), presentamos aquí un fragmento de los capítulos iniciales, que trata acerca de la lucha que se entabló entre la judería y Alemania desde los comienzos del Nacionalsocialismo y aún antes, y las posteriores medidas de boicot que el judío declaró a nivel mundial y la respuesta alemana con su plan de erradicación de dicha gente, contado todo de manera sucinta y apelando a diversas fuentes.





EL PROGRAMA RACIAL NACIONAL-SOCIALISTA

     El 30 de Enero de 1933, el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, encabezado por Adolf Hitler, subía al poder, merced a una victoria en las urnas.

    Aparte de los otros puntos programáticos del NSDAP —liberación de las cadenas de Versalles, reforma financiera, reforma agraria, superación de la lucha de clases y creación de una colectividad nacional, igualdad de derechos para Alemania, lucha contra la delincuencia y el parasitismo y promoción de las ciencias y las artes— había uno, concreto, que atrajo especialmente la atención: el que se refería a la eliminación de los judíos de la dirección política del país.

     El denominado "anti-semitismo" no es, como algunos han pretendido hacer creer post mortem, una invención de Hitler. Ése es un problema tan añejo como la propia historia del pueblo judío, a lo largo de todo su deambular por el mundo. La Iglesia Católica —veintinueve de cuyos Papas dictaron 57 bulas, edictos y decretos anti-judíos [1]— participó tanto en la persecución (versión judía) o en la defensa (versión cristiana) contra los israelitas, como Martin Lutero que escribió el folleto titulado «De los Judíos y Sus Mentiras».

[1] Véase «The Jewish Problem as Dealt With by the Popes», publicado por la Britons Publishing Society, 1953.

     Todos los pueblos, en uno u otro momento de su historia, tomaron, amparándose en diversos motivos, razones o pretextos, medidas contra las comunidades judías que, habiendo inmigrado en el país, se mantenian voluntariamente segregadas y participaban de los ideales e inquietudes de los autóctonos. En numerosas ocasiones incluso la chusma se había desmandado, dando lugar a horrorosas e inexcusables matanzas.

     Esa clase de abusos eran especialmente frecuentes en el Este Europeo, en Polonia y Rusia, hasta en punto de que la palabra «Pogrom», que en ruso significa «devastación» o, «tumulto», llegó a ser intencionalmente asimilada a «matanzas de judíos». Precisamente a causa de esos «pogroms», que entre 1881 y 1917 alcanzaron una virulencia inusitada, los hebreos rusos y polacos emigraron en gran número a Alemania. Ya hemos tratado, en el epígrafe precedente, de la progresiva degradación de las relaciones entre la población autóctona y la comunidad judía en Alemania. Ese éxodo masivo contribuirá en gran manera a empeorar aún más la situación. Cuando los nacionalsocialistas llegan al poder, en el Parlamento se sientan ya seis diputados anti-judíos no-nacionalsocialistas. Éstos, por su parte, pronto evidencian que se hallan dispuestos a poner en práctica, íntegramente, los 25 puntos de su programa hechos públicos trece años atrás, concretamente el 25 de Febrero de 1920, en una asamblea en la Hofbrauhaus, en Múnich.

     El punto 4º especificaba bien claramente: «Sólo puede ser ciudadano el que sea miembro del pueblo. Miembro del pueblo sólo puede serlo el que tenga sangre alemana, independientemente de su confesión religiosa. Ningún judío puede, por consiguiente, ser miembro del pueblo».

     El punto 5º aseveraba: «El que no es ciudadano, sólo puede vivir como huésped en Alemania y debe estar sometido a la legislación de extranjeros»; mientras que el 6º deducía: «El derecho a determinar la conducción y las leyes del Estado ha de ser privativo del ciudadano. Por eso exigimos que todo cargo publico... sólo pueda ser desempeñado por ciudadanos».

     El punto 7º, continuando por el mismo sendero, afirmaba: «Exigimos que el Estado se comprometa a asegurar en primer término, la subsistencia y el poder adquisitivo de los ciudadanos. Si no es posible alimentar la población total del Estado, entonces los miembros de naciones extranjeras —no ciudadanos— deberán abandonar el Reich».

     El punto 8º recomendaba que los no-arios que inmigraron a Alemania des pués del 2 de Agosto de 1914 fueran obligados a abandonar inmediatamente el Reich. En el punto 23º se prohibía a los no-ciudadanos (a los judíos, en la práctica) ser editores o colaboradores en periódicos publicados en idioma aleman. También se prohibía a los no-ciudadanos toda participación financiera en periódicos alemanes. Finalmente, en el punto 24º, tras afirmar que «el Partido defiende el punto de vista de un cristianismo positivo, sin atarse confesionalmente a una doctrina determinada», se remacha: «Combatimos el espíritu judeo-materialista dentro y fuera de nosotros...».

     Como se ve, el programa nacionalsocialista, sin eufemismos de ninguna clase, y con una claridad que algunos juzgaron impolítica, propugnaba prácticamente la eliminación de los judíos en la vida política y administrativa del país. La procedencia o imporcedencia de los puntos programáticos anti-judíos del NSDAP, democráticamente llevado al poder por la mayoría —guste o no— del pueblo alemán, podrán ser discutidas, pero lo que no podrá afirmarse es que constituyan una novedad en la Historia. En todas las épocas, y en la actualidad, numerosos paises discriminan, en la teoria y en la práctica, contra determinados sectores de su población en razón de su pertenencia a ciertos grupos raciales, políticos o religiosos.

     En 1933, cuando el programa nacionalsocialista empezó a ser puesto en práctica, en Estados Unidos, donde los judíos gozaban de la plenitud de los derechos civiles, los negros —cuyo porcentaje con respecto a la población total quintuplicaba el de los judíos de Alemania— carecían de ellos, mientras los indios norteamericanos, supervivientes del mayor genocidio organizado que registra la Historia, estaban aparcados en reservas para satisfacción de la curiosidad turística. En Inglaterra, Madre de las Democracias, un divorciado veía cómo una parte de sus derechos eran limitados, hasta el extremo de que Eduardo VIII debia abdicar de la Corona de Inglaterra por haberse casado con Mrs. Simpson, una divorciada. En el Dominio de la Unión Sudafricana se discriminaba contra los negros, y en el de la Unión India existía una complicada organización de castas que casi equiparaba a las bestias a treinta millones de parias. Finalmente, un católico no podía, constitucionalmente, ser Rey ni Primer Ministro de una tan admirada democracia como la británica.

     Hoy en día podríamos citar casos de discriminación, de hecho o de derecho, contra sectores de población numéricamente mucho más importantes que la comunidad judía en Alemania. El más aleccionador de todos nos parece el caso del Estado de Israel, que engloba casi tres cuartos de millón de árabes en Cisjordania y en la zona de Gaza; esos árabes no son inmigrados recientes, como la mayor parte de los judíos alemanes en 1933, sino que llevan varias generaciones viviendo en Palestina, pero carecen de los más elementales derechos políticos. Se argüirá que pueden ser elegidos e incluso miembros del Parlamento, pero se omitirá que no pueden ostentar cargos gubernamentales y que no tienen voz ni voto en la política del pais, un pais cuya ciudadania sólo puede ser ostentada por personas cuya madre fuera judía [2].

[2] La revista Time del 12 de Febrero de 1965 menciona el caso de Rita Eitani, una judía que llegó a Palestina en 1947, estuvo en un kibbutz, sirvio en el ejército israelí, educó a su hijo y a su hija como judíos, y, aún cuando no fuera creyente, celebró las principales fiestas del judaísmo en su casa... Pero no era suficientemente judía para el ministro del Interior de Israel. A pesar de que el padre de la señora Eitani fue un judío polaco, su madre era una Protestante alemana, y según la Halasha (la Ley judía), sólo es judío aquel cuya madre es judía, o un convertido a la Fe, a condición de que su padre sea judio, de manera que la señora Eitani no pudo permanecer en Israel.

     Las muy criticadas «Rassenschutz Gesetz» (Leyes Raciales de Núremberg) no fueron tan drásticas como las actuales leyes raciales imperantes en el Estado de Israel. Por ejemplo, en Alemania, el individuo que tuviera tres abuelos arios sólo podía contraer matrimonio con persona aria, y el que tuviera tres abuelos judios, o no-arios, sólo podía casarse con no-arios. Las personas con sólo dos abuelos arios podían casarse con individuos de diferente grupo si obtenían la consiguiente autorización del Estado. No vamos a emitir un juicio de valor sobre tales medidas; nos limitaremos a hacer constar que en la actualidad en el Estado de Israel sólo se consideran ciudadanos judios los hijos de madre judía; los matrimonios con no-judios están prohibidos tanto por la ley civil como por la religiosa. Y los no-judios no estan autorizados a residir permanentemente en el país. Como se verá, en el aspecto racial, la politica del Estado de Israel, es una reedición, corregida y aumentada, aunque en sentido contrario, de la del Tercer Reich [3].

[3] La revista estadounidense White Power (vol. VII, Nº 5) cita el caso de un joven judío de 17 años que violó a una muchacha inglesa de 21 años. La joven había estado trabajando en un kibbutz cerca del Mar Muerto cuando fue atacada. La acusación contra el joven judio, sin embargo, se derrumbó después de que dicho joven citó dos preceptos del Talmud para justificar su acción: «Un judío puede violar a una no-judia, pero no casarse con ella» (Cad. Shas, 2:2), y «Un judío puede hacer a una no-judía lo que quiera. Puede tratarla como un pedazo de carne» (Nadarine, 206; Shulkhan Aruch, Choszen Hanniszpat 348). El juez, al absolver al joven violador, observó que no estaba dispuesto a ejecutar una decisión que pudiera afectar adversamente los fundamentos morales y religiosos del Estado israeli.

     Una parte del judaísmo alemán publicó un manifiesto en favor del régimen nacionalsocialista, en el cual se decia:

     «Nosotros, miembros de la Asociacion de Judios Nacionales Alemanes, fundada, en el año 1921, hemos colocado siempre, en la guerra y en la paz, el bienestar del pueblo alemán, nuestra patria, con la cual nos sentimos entrañablemente unidos, por encima de nuestros intereses personales. Por este motivo hemos saludado el alzamiento nacional de Enero de 1933, a pesar de habernos ocasionado ciertos perjuicios, porque hemos visto en él el único medio para eliminar los daños causados durante catorce años por elementos anti-alemanes».

     Pero en su discurso del 1º de Abril de 1933, Goebbels repuso que hubiera sido mucho más útil y creíble que tal declaracion de simpatia con el Nacionalsocialismo, o, simplemente, de adhesión a Alemania, la hubiera hecho dicha Asociación de Judíos Nacionales Alemanes antes de las elecciones del 30 de Enero, en el curso de los catorce años en que los aludidos «elementos anti-alemanes», cuyo núcleo lo constituían precisamente los judíos, tantos daños causaron al país. Anunció Goebbels la puesta en marcha de las «medidas tendientes a eliminar la desmesurada influencia judía» en los asuntos alemanes, e incitó a sus compatriotas a que boicotearan los comercios judíos y «compraran alemán» [4].

[4] Völkischer Beobachter, 2 de Abril de 1933.

     El bando judio devolvio el golpe. Las grandes agencias de noticias internacionales, en las que la influencia de judíos —sionistas o no— era muy grande, por no decir determinante, desplegaron una campaña contra Alemania, parangonable a la que las mismas agencias desencadenaron desde 1917, a partir del Acuerdo de Londres, hasta la conclusión del Tratado de Versalles. Empezaron a aparecer, con toda seriedad, espeluznantes relatos de amputación de miembros a judíos, de violaciones de muchachas judias, y de ojos arrancados de sus órbitas. Naturalmente, tales relatos sólo aparecían en determinado tipo de publicaciones, pero no por ello dejaban de surtir su efecto en amplios sectores de la llamada opinión pública. Pero en publicaciones con reputación de objetivas aparecieron críticas más razonables pero no por ello menos adversas a Alemania y su régimen. Otra vez escritores hebreos estuvieron en la vanguardia de la campaña periodística: Bertoldt Brecht, Erich Remarque, Heinrich y Thomas Mann, Franz Werfel, Ernst Lissauer, Arnold Zweig, son las autoridades que se citan en Francia como demostracion del aserto de que el pueblo alemán no es más que un hato de fanaticos sedientos de venganza y animados de los más bajos instintos.

     La situación se irá agravando a medida que las medidas nacionalsocialistas anti-judias se vayan poniendo en práctica. No obstante, conviene tener muy en cuenta que la campaña exterior de los judíos contra Alemania empezó ya antes de la subida de Hitler al poder. No se puede soslayar el hecho de que el judaismo —o si se prefiere, el movimiento político internacional que se suele llamar Sionismo, y que se arroga la representación de los judíos, con abstracción de sus patrias de nacimiento— había declarado la guerra politico-económica a Alemania con anterioridad a la victoria electoral hitieriana. Ya en 1932 el diario New York Times, propiedad de judíos y editado por judíos, publicaba anuncios a toda página: «¡Boicoteemos a la Alemania Anti-Judía!». El bien conocido sionista Samuel Fried escribió, también en 1932:

     «La gente no debe temer la restauración del poderío militar alemán. Nosotros, judios, aplastaremos todo intento que se haga en ese sentido y, si persiste el peligro, destruiremos esa odiada nación y la desmembraremos».

     El 12 de Febrero de 1933, otro israelita, Henry Morgenthau, Secretario estadounidense de Tesorería, declaró que «Estados Unidos acaba de entrar en la primera fase de la Segunda Guerra Mundial» [5]. Observemos que sólo habían transcurrido doce dias desde la victoria electoral de los nacionalsocialistas y que aún no se habian tomado medidas contra los judíos alemanes. Observemos, también, que Morgenthau involucra a «Estados Unidos» por algo que va a sucederles a correligionarios suyos, de nacionalidad alemana. Cinco días después, el rabino Stephen Wise, miembro prominente del «Brain Trust», camarilla de consejeros del Presidente Roosevelt, anunció por la radio la «guerra judía contra Alemania» [6]. Por su parte, el editor del New Morning Freiheit, un periódico comunista escrito en yídisch, dirigió un llamamiento a los judíos del mundo entero para unirlos en la lucha contra el Nacionalsocialismo. Esas manifestaciones causaron en Alemania un efecto que es de suponer, especialmente la alusión de Morgenthau a una «Segunda Guerra Mundial», en 1933 [7].

[5] Según el Portland Journal, del 13 de Febrero de 1933.
[6] Robert Edward Edmondson, I Testify.
[7] El apellido Morgenthau era particularmente detestado en Alemania. El padre de Henry Morgenthau Jr. fue embajador de Estados Unidos en Turquía en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, y de una declaración jurada suya salió la tesis, oficializada en el Tratado de Versalles y plasmada en el infamante Artículo 231, de la culpabilidad exclusiva de Alemania en el desencadenamiento de aquella guerra. Según Morgenthau Sr., el 5 de Julio de 1914 se reunieron en Postdam tres docenas de banqueros, industriales, políticos y militares alemanes con el Káiser, para ultimar los preparativos de la inminente guerra. No obstante, esa reunión nunca tuvo lugar, por la sencilla razón de que las personas que se pretendió que tomaron parte en ella, se encontraban en otros lugares en esa fecha. A pesar de haberse probado hasta la saciedad que el libelo de Morgenthau era una farsa absoluta, la Comisión Lansing lo presentó triunfalmente en Versalles como "prueba" de la culpabilidad unilateral de Alemania. Tratan exhaustivamente ese tema, entre otros, los escritores estadounidense Harry Elmer Barnes, en Blasting the Historical Blackout, y Charles Callan Tansill, en Back Door to War, y el inglés Francis Neilson, en How Diplomats Make War.

     Mientras tanto, en Alemania se empezaron a aplicar medidas discriminatorias contra los judíos. En realidad, esas medidas sólo pueden ser calificadas de discriminatorias si se considera a los judíos alemanes como ciudadanos del Reich; no pueden, aún, ser calificadas como tales si se les considera como extranjeros. En ningún país del mundo pueden los extranjeros ocupar cargos públicos; determinadas profesiones les están vetadas y otras limitadas por un «numerus clausus». Según la Gran Prensa estadounidense, la limitación de los derechos civiles a los judíos alemanes era un atentado contra los derechos humanos; esa misma Prensa no demostraba igual sensibilidad con respecto a la limitación de los derechos civiles de los autóctonos irlandeses... en Irlanda, impuesta por los ingleses. Y tengamos en cuenta que la población de orígen irlandés es, numéricamente, muy superior a la de orígen judío, en Estados Unidos.

     Los judíos eran expulsados de la vida política y administrativa del Reich. También les era vetada toda actividad relacionada con la prensa. Se estableció un «numerus clausus» que regulaba la participacion judia en la abogacia. Jueces, abogados o médicos judíos que fueron combatientes en 1914-1918 quedaban, de momento, excluídos de esas medidas. En 1935, dos años después de su aplicación, la participación de los judíos en la profesión de abogado bajó en Alemania de un 29,7% a un 20,6%, aunque en la capital, Berlin, el porcentaje de judíos ejerciendo la profesión de abogado llegaba a un 39%, cuando sólo un 1% de berlineses eran judíos.

     Los judíos fueron expulsados del Ejército. Los militares de origen israelita que hubieran participado en la Primera Guerra Mundial se retiraban con una pensión equivalente a su paga integra. Los mismos derechos les eran reconocidos a sus hijos. Los militares o funcionarios públicos que no hubieran tomado parte en la guerra, sirviendo en el Ejército Alemán, eran retirados de sus cargos, cobrando la indemnización que reglamentariamente les córrespondiera.

     Algunos judíos —no la mayoría— interpretaron esas primeras medidas discriminatorias contra los judeo-alemanes como una verdadera exterminación. En Austria se publicó un libro de propaganda anti-alemana [8], escrito por Leon Feuchtwanger, el autor del famoso libro «El Judío Suss», en el que las medidas administrativas internas del Reich contra su población de origen israelita eran descritas como «exterminación de la judería alemana».

[8] Der Gelbe Fieck: Die Ausrottung von 500.000 deutschen Juden, por Leon Feuchtwanger, 1936.

     El hecho de que en Dachau, uno de los primeros campos de concentración instalados en el Reich, hubieran, en 1936, cien internados judíos pertenecientes al Partido Comunista, fue descrito por Feuchtwanger como una tentativa de las autoridades alemanas de dejar morir a aquellos detenidos, a causa de malos tratos y sub-alimentación. En realidad, 60 de esos 100 internados ya habían ingresado en el campo de Dachau en 1933, todos ellos en calidad de comunistas y no de judíos; junto a éstos convivian los marxistas racialmente arios.

     También habia judíos comunistas en Sachsenhausen, y esto desde mediados de 1933, pero no representaban ni la décima parte del total de los detenidos. Otro libro escrito poco después de la llegada de los nacionalsocialistas al poder por el comunista, de raza judia, Hans Beimler, que posteriormente comandaría una brigada internacional en la Guerra Civil Española, aseguraba que el campo de Dachau era un campo de exterminación; tal pretensión era incluso sostenida por el propio titulo del libro [9]. No obstante, el propio Beimler admite en su libro que él fue detenido por pertenecer al Partido Comunista [10] y que fue liberado, y posteriormente expulsado de Alemania, al cabo de sólo un mes de permanecer en Dachau.

[9] Hans Beimler, «Four Weeks in the Hands of Hitler’s Hell-Hounds: The Nazi Murder Camp of Dachau» (Cuatro Semanas en Poder de los Perros Infernales de Hitler: El Campo de Asesinatos Nacionalsocialista de Dachau), Nueva York, 1933.
[10] El régimen comunista de Alemania Oriental concede anualmente un Premio Hans Beimler por servicios rendidos a la causa comunista.

     Incluso la Fiscalía en el proceso de Núremberg afirmó que Dachau se convirtió en un campo de exterminio sólo a partir de 1942. Los campos de concentración en la pre-Guerra servían para el internamiento de oponentes politicos de extrema Izquierda —especialmente socialistas y comunistas de todas las tendencias—, siendo la proporción de judíos muy exagerada con relación a su porcentaje en la población total del país, pero normal si se tiene en cuenta el gran número de judíos que pululaban en las organizaciones ultra-izquierdistas, y muy especialmente en el Partido Comunista. Mientras —por citar un ejemplo que nos parece revelador— en los campos de concentración sovieticos de Siberia y del Circulo Polar Ártico habia, según los cálculos más prudentes, de seis a ocho millones de internados, el escritor e historiador hebreo anti-NS Reitlinger sostiene que, entre 1934 y 1938, el número de detenidos en campos de concentración raramente pasó de 20.000 en toda Alemania, de los cuales el numero de judíos nunca sobrepasó los 3.000 [11].

[11] Gerald Reitlinger, The SS: Alibi of a Nation, p. 253.

     La filosofía de las medidas anti-judías de Hitler se basaba, en definitiva, en la constatación de que la comunidad hebrea constituía un cuerpo alógeno, desinteresado de los avatares de la nación, cuando no hostil a los mismos; un Estado dentro del Estado, es decir, políticamente hablando, un parásito. En realidad, antes de Hitler habían sido ya muchísimos los que habían sustentado ideas anti-judias, y justamente en las generaciones inmediatamente anteriores, desde Wagner (que escribió un libro anti-judio titulado «El Judaísmo en la Música») hasta Liszt, pasando por Bismarck, Fichte, Grillparzer, Hebbel, Hegel, Kant, Schoppenhauer, Mommsen, Nietzsche, Schiller, Spengler y Luddendorff, la aversión a la influencia judía es indiscutible. Tal aversión no es específicamente alemana ni se circunscribe a los siglos XIX y XX.

     Al doble juego judío, consistente en recabar todos los derechos de los ciudadanos de un país sin participar en las obligaciones de los mismos, se han opuesto, con frases contundentes, que no dejan el menor resquicio a la duda, grandes hombres de todas las épocas y de todas las naciones: George Washington, Benjamin Franklin, Mahoma, Voltaire, Lope de Vega, Victor Hugo, Baltasar Gracián, Napoleón, José Ortega y Gasset, Cicerón, Blas Pascal, Giovanni Papini, Beethoven, Giordano Bruno, Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Lutero... [12]. Incluso en el Evangelio de Juan se cita (8:31-47) una diatriba de Jesucristo contra los fariseos (los sionistas de la época) de una violencia que no superó jamás ni siquiera el doctor Goebbels.

[12] Vease «150 Genios Opinan sobre los Judíos», recopilación antológica de Ediciones Bau, Barcelona, 1974.

     Pero es que, además, esa filosofía según la cual los judíos no eran alemanes no era exclusivamente sustentada por los nacionalsocialistas, sino que de la misma participaban los propios judíos, tanto de Alemania como de cualquier otro país. Los judíos siempre han reclamado los derechos de ciudadanía para conseguir todo lo que de ello se deriva, para disfrutar de la proteccion de las instituciones públicas con objeto de extraer del pueblo que les ha dado hospitalidad todo el provecho material y moral que pueda resultar de sus actividades. Pero al mismo tiempo han reservado su lealtad a otra nacion, a otra bandera, a otra organización, a otros líderes internacionales, al Sionismo, formando un Estado dentro del Estado. Ejemplos: el doctor Chaim Weizmann, un marxista nacido en Rusia, que llegaría a ser el primer Presidente del Estado de Israel, escribió: «Somos judíos y nada más. Una nación dentro de otra nación» [13].

[13] Chaim Weizmann, Great Britain, Palestine and the Jews.

     El escritor judeo-alemán Ludwig Lewisohn, por su parte, aseguraba: «Un judío es siempre un judío. La asimilación es imposible, porque nosotros no podemos cambiar nuestro carácter nacional» [14].

[14] Ludwig Lewisohn, Israel.

     El rabino Stephen Wise, figura prominente del judaísmo y uno de los hombres que más trabajó para que estallara la guerra de 1939, como más adelante veremos, declaró en una ocasión: «El judio miente cuando jura obediencia a otra fe, y se convierte en un peligro para el mundo» [15].

[15] Stephen Wise, New York Herald Tribune, 2 de Marzo de 1920.

     Leo N. Levy, presidente electo de la prominente sociedad judeo-estadounidense B'nai B'rith, manifestó: «No es verdad que los judíos sean sólo judíos por su religión. Un esquimal, un indio norteamericano, podrían practicar cada forma y ceremonia impuestas por las leyes y el ritual judíos, y, en lo que se refiere a la religión, ser judíos, pero sin embargo nadie que reflexionara por un momento los clasificaría junto con los judíos como un pueblo (...). ¿Quién puede decir, entonces, que los judíos no son una raza. (...) Un creyente de la fe judía no se convierte en judio por esa razón. En cambio, un judio de nacimiento sigue siendo judío aunque haya abjurado de su religión» [16].

[16] B'nai B'rith Memorial, citado en The Dearborn Independent, 14 de Mayo de 1921. Cap. 55 de The International Jew, de Henry Ford, Michigan, 1920-1922.

     Louis Brandeis, que llegó a Presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, definió el hecho de la nacionalidad judía en los siguientes terminos: «Reconozcamos que nosotros los judíos somos una nacionalidad distinta de la cual cada judío, cualquiera sea su país, su situación o creencia, es necesariamente un miembro» [17].

[17] Henry Ford, The International Jew, cap. 22.

     Podriamos extendernos citando a centenares de judíos empeñados en darle anticipadamente —y también a posteriori— razón a Hitler. Nos limitaremos, como colofón, a citar al judeo-húngaro Max Nordau, quien, sin ambages, proclamaba [en The Jewish World]: «No somos alemanes, ni ingleses ni franceses. Somos judíos. Vuestra mentalidad cristiana no es la nuestra».


ORGANIZACIÓN DEL BOICOT CONTRA ALEMANIA

     En el verano de 1933 se reunió en Holanda una «Conferencia Judía Internacional del Boycot contra Alemania», presidida por el famoso sionista Samuel Untermyer, que también ostentaba el cargo de la presidencia de la «Federación Mundial Económica Judía» y era miembro del «Brain Trust» de Roosevelt, y acordó el boycot contra Alemania y contra las empresas de otros paises que comerciaran con Alemania. A su regreso a Estados Unidos Untermeyer declaró, en nombre de los organismos que representaba, la «guerra santa» a Alemania [18]. Unos meses después, el mismo Untermyer fundó otra entidad, la «Non Sectarian Boycott League of America», cuya misión era vigilar a los estadounidense que comerciaban con Alemania. En Enero de 1934, Jabotinsky, el fundador del titulado Sionismo Revisionista, escribió en la revista «Nacha Recht»: «La lucha contra Alemania ha sido llevada a cabo desde hace varios meses por cada comunidad, conferencia y organización comercial judía en todo el mundo. Vamos a desencadenar una guerra espiritual y material en todo el mundo contra Alemania».

[18] New York Times, 7 de Agosto de 1933.

     A principios de 1934 se fundó en Inglaterra el titulado «Consejo Representativo Judío para el Boycot de los Bienes y Servicios Alemanes», entidad cuyo objeto consistía en hacer el vacio comercial a las firmas británicas que trabajaran con Alemania. Con la misma finalidad, extendida a todo el Imperio británico, los judíos ingleses Lord Melchett y Lord Nathan, crearon el «Joint Council of Trades and Industries», que fue eficacísimo en la lucha económica contra el Reich. También se fundaron una «Women’s Shoppers League», que boicoteaba especialmente los productos agrícolas alemanes, y una «British Boycott Organization», dirigida por el hebreo capitán Webber, que organizaba la guerra económica en paises en que predominaba la influencia política inglesa.

     En Francia, las campañas periodísticas desatadas por numerosos y prominentes judíos contra Alemania superaron en acritud las de otros paises, pero en cambio no hubo un boycot sistemático contra el comercio con Alemania. No obstante, el 3 de Abril de 1933 el «Comité Francés del Congreso Mundial Judío», la LICA (Liga Internacional contra el Antisemitismo), la «Asociación de Antiguos Combatientes Voluntarios Judíos» y el «Comité de Defensa de los Judíos Perseguidos en Alemania» mandaron un telegrama a Hitler anunciando el boycot de los productos alemanes en Francia y en el Imperio colonial francés. El Gobierno francés, en el que predominaba la influencia de los israelitas Leon Blum y Georges Mandel (a) Rotschild, no tomó ninguna medida contra esos judíos a pesar de que al atacar a una potencia extranjera con la que Francia mantenía realciones diplomáticas normales, se situaban al margen de la ley.

     La reacción que provocaron esas campañas fue muy fuerte. El gobierno del Reich empezó en 1934 a tomar medidas que favorecieran la emigración de judíos a otros paises. En esa época el gobierno compraba negocios de los judíos que voluntariamente preferían emigrar. Una cantidad de judíos difícil de evaluar correctamente emigró a otros paises. Se empezó a pensar en la isla de Madagascar, entonces colonia francesa, como futuro hogar de los judíos; se especuló con la idea de que allí se concentrarian no sólo los judíos procedentes de Alemania sino también los israelitas ortodoxos procedentes de otros países.

     La idea no era nueva. El padre del moderno Sionismo político, Theodor Herzl, ya formuló a finales del siglo XIX la posibilidad de un Hogar Nacional Judío en Madagascar, o en Uganda. Para Herzl el lugar ideal era Palestina, pero comprendía, y en eso coincidía con los políticos del Tercer Reich, que ello originaría interminables conflictos con la población árabe autóctona [19]. Para los jerarcas nacionalsocialistas parecía más sencillo obtener la aquiescencia francesa a un núcleo judío en Madagascar que el proyecto palestino; no en vano había numerosos políticos judíos influyentes en la Tercera República.

[19] Theodor Herzl, Der Judenstaat, 1896.

     Pero, oficialmente, Alemania no presentó el Plan Madagascar sino hasta 1938, formulado, en sus trazos generales, por el ministro de Finanzas, Hjalmar Schacht. Aconsejado favorablemente por Göring, Hitler envió a Schacht a Londres para que discutiera la propuesta con representantes sionistas. El sionismo, pese a la Declaración Balfour, no habia logrado la implantacicn de un verdadero Hogar Nacional para los judíos en Palestina, debido a la lógica resistencia de los árabes autóctonos, y determinados líderes sionistas no veían con disgusto la puesta en práctica del Plan Madagascar. Schacht se entrevistó con dos representantes del sionismo, Lord Bearsted, por la juderia inglesa, y el señor Rublee, de Nueva York. La propuesta alemana era que los capitales judíos en Alemania fueran congelados como garantía de un préstamo internacional para costear la emigracion judía a Madagascar. Rublee y Lord Bearsted desecharon Madagascar y aceptaron el resto de la propuesta. Sugerían, como emplazamiento del Hogar Nacional Judio, Palestina [20].

[20] Gerald Reitlinger, The Final Solution, p. 20.

     Schacht informó a Hitler sobre las negociaciones, en Berchtesgaden el 2 de Enero de 1939; pero el plan fracasó debido a la negativa inglesa a aceptar Palestina como sede de los judíos, en una escala superior a la prevista por la Declaracion Balfour, que Inglaterra incumplió clamorosamente, engañando simultaneamente a árabes y judíos [21].

[21] Con ocasión del acuerdo Sykes-Picot, según reconoció el propio Primer Ministro británico, Ramsey McDonald, en 1923.

     Es preciso hacer constar, empero, que Alemania no fue la primera en presentar un Plan Madagascar para los judíos. Fue el gobierno polaco quien tuvo, oficialmente, la iniciativa de proponer a la antigua Isla de los Piratas como hogar de los judios oriundos de Polonia, y en 1937 envio a la Mision Michael Lepecki, acompañada de representantes judíos, para que estudiara el problema sobre el terreno [22].

[22] Gerald Reitlinger, Ibid.

     En vista de que Madagascar no era, finalmente, aceptado por los circulos dirigentes del sionismo, e Inglaterra ponía mil trabas a la solución palestina, se hicieron otras tentativas para promocionar la emigración de los judíos a otros paises europeos. A tal efecto se reunieron en Evian, en 1938, representantes alemanes y sionistas. Aquéllos insistieron en el Plan Madagascar, pero los sionistas lo rechazaron resueltamente.

     A principios de 1939 un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich, Helmuth Wohltat, se trasladó a Londres para proponer a sus colegas del Foreign Office británico una emigración limitada de los judíos que aún quedaban en Alemania a la Guayana Británica, pero el gobierno británico rechazó de plano la propuesta. Finalmente, unos meses antes de la guerra mundial, el mariscal Hermann Goering, especialmente comisionado por Hitler, escribió al ministro del Interior Frick ordenándole la creación de una «Oficina Central de Emigración para los Judíos», mientras por otra parte ordenaba al Jefe de los Servicios de Seguridad del Reich, Reinhardt Heydrich, que solucionara el problema judío por los medios de «la evacuación y la emigración». El Plan Madagascar continuaba siendo patrocinado por el gobierno alemán, pues se esperaba llegar a convencer al Presidente francés, Daladier, para que diera su anuencia.





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